viernes, 6 de noviembre de 2015

Todos los días de mi vida

Seis de noviembre.
Me concedo el placer y me regalo las siguientes palabras porque siempre voy con prisa arrebatando el último segundo de aliento a cada instante y pocas veces me detengo a concederme palabras de amor, pero hoy si.
Veintiséis años vividos con tanta ilusión q a veces me desborda el alma, en una constante de sentimientos y emociones que se ven tocando los puntos de inflexión de un momento a otro. El motor de todo son las ganas de vivir, las ganas de sentirme viva, y sentir cada aspecto de todo lo que sucede. No hay nada malo y ni nada bueno. Me gusta vivir las cosas por igual, intensas.
Descubrirme por completo es uno de los mayores retos, que sé que nunca conseguiré. La vida no deja de ponerme en situaciones desconcertantes, maravillosas o terriblemente dolorosas y de verdad que aunque llore, sufra, ría, me cague en la puta, ojalá que no deje de permitirme el mayor de los placeres que es aprender de cada una de estas experiencias. Me forme, me conforme, me luche, me pierda, me encuentre y me vuelva a perder mil veces. Me sienta sola y arropada, desalmada y me arme de valor para conseguir cada cosa que se me proponga.
Hoy me puedo decir a mi misma que estoy orgullosa de la persona que empiezo a ser, por la que lucho por convertirme y por aceptarme a mí misma. Por quererme, respetarme y por permitirme ser Livia en todas sus vertientes por igual. Me queda un largo camino que recorrer, espero que sea tan jodidamente maravilloso como lo ha sido hasta hoy, espero y deseo que no deje de darme lecciones, de otorgarme el placer de dudar de todo y volverme loca por descubirme entre tanto desconcierto, que me siga dando valentía y me recuerde cada batalla luchada, cada paso en faso y cada fuerte pisada. Ojalá q nunca me aleje de todas aquellas personas que con una sonrisa son capaces de darme más vida que toda la vivida. Que me siga transmitiendo amor, y me haga no deja de creer en el, loco, caótico, intenso y fugaz pero sobretodo que sea de verdad. Que me haga conocer a gente absolutamente maravillosa  que desmonten mis argumentos. Que me conceda muchas noches de soledad y otras muy locas, que haya líos de faldas, secretos, dependientes,insignificantes pero que llenen mis camas y me hagan coleccionar recuerdos, me follen, me empotren, me hagan el amor o me dejen a medias.  Pero que me permitan sentirme en plenitud, desnuda y pura.
Que me enamore tantas veces como el día me lo permita, como los niños. Que no deje de llenarme de asombro el detalle mas ínfimo.
Que nunca pierda la sonrisa, ni las ganas de llorar cuando algo me emociona, que no deje de creer en mi, ni en los demás y que siempre siga haciendo las cosas con amor. Que aprenda a querer mejor y siga queriéndome tan bien.
Pero sobre todo que no pierda la ilusión por vivir como me vivo, como os vivo. OS dejo un pedacito de mí, y esta imagen que me parece una descripción maravillosa de mí misma.
Y contaros un secreto, he traído más bragas que ropa y ya he perdido dos.

martes, 6 de octubre de 2015

La guerra de egos

Lo único que convierte en hogar una casa son las vistas a la ciudad desde la cama. Desde el primer momento compartí ese espacio contigo. Tu edificio favorito se veía desde todos los rincones de la habitación.

Las casualidades son la parte más bonita de la historia. Siempre lo son. Encontrar coincidencias bajo la piel hace que leer un cuerpo sea mucho más excitante.

Aquella noche tenías razón, las cosas siempre se estropean, las estropeamos porque queremos ser inalterables, insensibles, indoloros, poniendo barreras para que nada ni nadie las traspase.

Todo este tiempo he estado arreglando los rotos. Esas oquedades que tú mismo generas, que tu mismo permites que los demás traspasen. Aún sin quererlo, porque es inevitable.

Ayer los besos comenzaron en la ventana, por tu espalda. Cambiamos y tú seguiste besándome por el cuello. Miré  hacia el suelo y sonreí, podía ver mis pies y los tuyos un poco más atrás. Había silencio y alguna vez nos miramos. Ninguno quiso interrumpir el momento.

La ciudad se calló para escucharnos y pudo sentir el eco de algún orgasmo. Desde que miro la ciudad desde mi cama, no había sido capaz de sentirla. Y sin embargo Londres supo abandonarnos. Éramos tú y yo, las luces, la lluvia, el ruido simplemente nos dejamos envolver.

Las cosas normales me aburren, necesito, busco y lucho por complicar cada momento. A veces capricho a veces necesidad. Pero siempre complicado. Tú lo pones todo difícil y eso me excita. Por eso me gustas.

Ardo cuando tus manos me tocan, ardo cuando me dejas a medias y sonríes, ardo cuando juegas conmigo. Y te quemas. Y me quemas. Y cruzo miradas en el metro con hombres a los que les haría todo lo que a ti no te hago. Les gritaría que ojalá me cojan del pelo me den la vuelta y me follen como si no me conocieran. Como sino nos conociéramos.

Y luego llego a tu parada de metro, camino hasta tu casa pensando en dejarle mi numero a aquel camarero. Con el que coquetee mientras tú y yo nos confesábamos que no íbamos a ser celosos.

Pero yo sigo con las ganas y sin dejarle mi numero, y tu sigues con tus ganas y sin poder gritar más de lo que quieres.

Y sin embargo duermo en tu cama.

En una guerra a vida o muerte tu me harás más daño, pero yo seré más fuerte.

domingo, 30 de agosto de 2015

A

"Digamos que estaba probando los límites de la realidad,
tenía curiosidad por ver qué pasaría.
Eso era todo, simple curiosidad."

Recordaré toda mi vida aquella mirada. Fue casi eterna. Pude ver con claridad qué sentiste. 
Pude explicarte las ganas, que aquel instante me concedió, de follarte. Sin ni siquiera saber tu nombre.
Te miré, te busqué, te deseé como se desean pocas cosas en la vida. 
Y comencé a vivir bajo los efectos del deseo.
Y a veces me pregunto cómo fue todo tan rápido, y otras tan lento. 
Tu mirada, es mi recuerdo.

Con el que continúo masturbándome, pensando en todo aquello.
Deseando que vuelva este juego, tan nuestro, tan eterno.
Y nos miremos de nuevo.
Y arda el deseo.




despedirnos

-Quién sabe qué me espera
- La vida.

Y eso era todo. Todo lo que pasaba no era más que la vida. La puta y maravillosa vida.

Había sentido temblar cada milímetro de mi cuerpo al verlo, y sin embargo ahora ni el viento hizo que el vello se me erizase. La vida estaba plagada de idas y venidas, de huidas.
Había guardado aquella imagen de tu risa siguiendo mis pasos, casi toda mi etapa en aquellas calles. Y sabía que mantener vivo ese recuerdo sería lo más adecuado para no matarnos.
Pero no supimos hacerlo.
Tuviste que venir a recuperar lo que ya se fue con mis pasos.
Y entonces no quedó más que el recuerdo que deja una victoria, que deja un amor roto, un espacio en blanco.
Ya no eres tú, ya no soy yo.
Somos olvido.

Jamás pude imaginar volver a verte sin temblar, sin los nervios que hacían dudar hasta a mis labios.
Y sin embargo al verte tuve la certeza de que olvidarte fue nuestro mejor destino.

Continuar.



lunes, 17 de agosto de 2015

Volar se escribe con M

La risa de un niño en un hombre es el mecanismo más potente para desatar a mi locura, y hacerla estallar. Hay personas con las que todo, absolutamente todo, es bonito. Cosas bonitas.
Oírlo reír me hacía sonreír más fuerte. Mirarlo convertirse en niño, me hacía más niña. Y al desnudarnos eramos guerreros, y teníamos el valor que tienen los hombres.
Todo ese deseo se había guardado en nuestra imaginación, acrecentándose con el paso del tiempo. Mis dudas, siempre eras tú. Me hubiese lanzado sin pensarlo a seguir tu vuelo, no tus pasos. Porque tú corazón, vuelas.
El roce de tu cuerpo, de aquellos peces, de tu mano, de tu mirada. Y en aquel espacio aún cabían dudas. No sabía si besarte, o seguir esperándote. Pero ahí estábamos desnudándonos en el tiempo, mientras el agua nos inundaba.
Y de nuevo, la vida nos volvía a separar. Besos fugaces y secretos. Despedidas que te dejan sin aliento, y recuerdos que lo recobran. Suspiros guarros.
Y vuelve a no ser el mometo.

Taquicardia de sonrisas.

Dejar que te mate

Solo hay dos momentos en la vida en los que mis piernas tiemblan de placer, tras una gran corrida y tras una gran creación.

lunes, 10 de agosto de 2015

Noches de humo

Ningún silencio es eterno, ningún dolor dura para siempre, como ningún amor se mantiene latente.
"Diecinueve días y quinientas noches"
Quizá sean las necesarias para terminar de olvidarte. O quizá las necesite para superar este desamor que al final encontró su desatino en la desilusión.
Entre el ruido de la noche y el humo, vuelvo a enfrentarme a la esperanza que alumbran las pocas luces de desvelo. Son los sueños que no pueden dormir.
Demasiados pensamientos para tanta calma, demasiada paz para tanta guerra. Y aquí estamos, tu y yo manteniendo viva esperanza de futuro. Camas, sábanas, drogas, encuentros, desencuentros infortunios y aciertos. Eso es lo que le espera al invierno. Eso es lo que le espera a este corazón que siente más que padece y que late cada día  más fuerte.
Las emociones alternan todos sus estados, todo vuelve a la normalidad.


Lo mejor aún está por llegar. 


martes, 4 de agosto de 2015

fugaz

"Para saber de amor para aprenderle haber estado solo es necesario,
 y es necesario en cuatrocientas noches con
cuatrocientos cuerpos diferentes haber hecho el amor.
Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen."

Besos relámpago, besos con miedo, besos sin ganas,
 besos en formato pequeño, besos amargos, besos cálidos,
besos cachondos. Y los besos.
El placer de besar un intelecto actúa de forma directa en la segregación de mis partes más íntimas.
Y si, no estoy hablando de mis partes bajas. Que también.
Descubrir que un corazón es capaz de latir de 0 a cien en lo que sus labios se acercan,
era lo más parecido a haber descubierto América.
Tanta rareza entre tan poca sábana, tanto de ti entre tanto silencio.
Esperar, contigo hay que saber esperar. La rareza de los tiempos muertos,
de los espacios sin sentido, del sentimentalismo. Y de tu cuerpo temblando de miedo.
Son las emociones.
Pero joder, los besos.


miércoles, 29 de julio de 2015

El (auto)engaño


He dudado las mismas veces que he seguido hacia delante con algo que ya sabia que estaba roto.
He escrito mucho sobre esta guerra, y siempre había un ganador, nunca éramos ninguno de nosotros. Era el destino que se llevaba por delante todos los planes de futuro.
No tengo intención de emprender batallas, no tengo intención de aquí paz y después guerra.
Tengo ganas de mi.
Hay batallas que antes de empezarlas ya sabes que están acabadas. Luchas por honor, por valentía, por resignación. Pero quizá sea el acto más cobarde, no asumir que hay luchas que no nos tocan emprender.
A veces es mejor curar las heridas y prepararse para una guerra por la que merezca la pena morir. Por la que no existan dudas, por la que no tengamos miedo, aunque salgamos destrozados de ella, que sea la lucha de nuestra vida.
Y dejar que nos mate. 

lunes, 20 de julio de 2015

No sé como se olvida, solo sé que sucede

Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo. Deja que se adhiera a tu espalda y te agobie hasta la eventual nada. Deja que te mate, y deja que devore tus restos. Porque de todas las cosas que te matarán, lenta o rápidamente, es mucho mejor ser asesinado por un amante.”
— Charles Bukowski


A veces olvidamos para qué estamos en la vida, a veces olvidamos qué nos motiva, qué nos estimula. Incluso olvidamos la cerveza en el congelador.
El dolor que sentimos es una oportunidad de aprender, de convertirnos en mejores personas. Y no importa cuantas veces sintamos que no podemos más, siempre que volvamos a levantarnos estaremos luchando. Rendirse es una forma de acabar con uno mismo.

Hay gente que hagas lo que hagas te amará y gente que hagas lo que hagas no lo hará.

Y sin embargo me quiero

sábado, 4 de julio de 2015

pero quizá

Quizá sea que nunca creí tanto en nosotros como para que se hiciera realidad.
Quizá aprendí demasiado tarde que el amor se construye.
Quizá no supiste tener las agallas que tienen los valientes. 
Quizá es que ya no me quieras como para luchar por mi.
Quizá las casualidades sean nuestro destino.
Quizá todas las cosas que vivimos nos olviden.
Quizá me mientas y yo no te crea.
Quizá si lo haga.

Prefiero que me desgarren el corazón con sinceridad a que intenten arreglar los rotos con mentiras.

jueves, 18 de junio de 2015

Vomitar de nuevo

Aún tengo demasiado miedo para vomitar sola y tu te vas.
La ultima vez yo estaba desnuda y acabábamos de follar. Aún me agarraba el pelo, pero ya se había corrido. Recuerdo aquella sensación de saber que nada malo podía pasar, porque aún estaba allí.
Esta vez estaba vestida, y la última vez que follamos fue cuando aun dudabas de nuestro sentido, de nuestro futuro. Me cogías el pelo como quien coge lo que ya se ha caído.

31 suena a final

Jamás había visto caminar tanta tristeza junta. Solo la lluvia podía competir con sus lágrimas.
Ni siquiera caminar con 20 cuchillos clavados en la espalda sería más duro, todo era dolor. Un dolor que uno no quiere sentir jamás, pero un dolor que todos sufrimos alguna vez en la vida.

Pensamos en que pasen los días rápido, las noches que sean de sueños profundos e intensos, sin desvelo. Pensamos en no vivir por el dolor, no queremos ser capaces de afrontarlo. Cuando algo acaba nos aferramos como nunca al pasado, a todas las palabras que nunca dijimos, nos aferramos a la esperanza de algo que nunca pasó. Lo imaginamos, lo soñamos, lo sentimos y lo hacemos nuestro. Y mientras tanto la vida pasa por delante nuestra, esperando que sea la hora, que pase todo y no pensamos en armarnos de valentía para superarlo. Esperamos y esperamos a que pase y lo único que pasa es el tiempo que nos pertenece. Y seguimos aferrándonos a la nostalgia de todo aquello que nunca pasó. 

Debemos afrontar la vida como viene, debemos ser fuertes en todo momento, aunque nuestra fortaleza se rompa. Soy capaz de decir veinte veces al día que no puedo, y no creerlo ni una sola. La intensidad de una sonrisa se mide con toda la fuerza que el dolor de lo vivido le dió.

Cuando una persona muere la perdemos para siempre, cuando un amor se va también. Pero es más duro por que aún preservamos la esperanza de que regrese, de que regrese con toda la fuerza, incluso con más de la que se fue. Cuando perdemos a alguien ya no podemos hacer nada, es por eso que debemos hacer lo que esté en nuestra mano para ser felices. Aprender que nuestra felicidad depende exclusivamente de nosotros mismos es muy difícil. Somos felices cuando estamos rodeados, cuando compartimos con alguien, pero en realidad somos nosotros quienes sonreímos, quienes sentimos ese placer, quienes pronunciamos nuestra sonrisa.

Desgraciadamente nosotros somos nuestro peor enemigo. Perderse resulta fácil, martirizarse más. Y de repente nos vemos sumergidos en un torbellino de constantes pensamientos negativos que han nacido con un solo fin, autodestruirnos. Y esa es nuestra lucha. Una lucha que dura toda la vida, a veces fría, a veces pasajera, a veces eterna. Pero la verdad, es que nada dura para siempre. Somos finitos, y como finitos debemos aceptar que todo nuestro mundo también lo es.

Así que este dolor de final, de treintayunos imposibles se irá, como tú te has ido.

Y yo seguiré cuidando mi sonrisa, para seguir escuchando que ojalá el mundo se refugiase en ella.






Entre un ojalá y una sonrisa hay cobardía.





jueves, 22 de enero de 2015

climas cálidos

No recuerdo un invierno tan frío contigo.
Ni las temperaturas del norte de Europa consiguieron congelar este nosotros. Seguía haciendo calor, entonces.
La cama está fría, los besos hielan, las palabras secan.
Te vas y yo me quedo.
Las dudas agonizan en su último aliento.