Ni siquiera sería voluntario. Me gusta más lo repentino, fortuito. Y callarte así de la forma más cálida.
Sería capaz de cruzar la distancia a tu boca desequilibrándome por los cables de los postes, haciendo malabarismos hasta llegar al número final. Mirar la profundidad de tus ojos negros. Adentrarme en lo desconocido de tu misterio. Y desvelarlo.
Me atrevería a contarte la verdad, aún sabiendo que complicaría sumamente este beso.
Podría pasarme horas imaginando que volvemos a encontrarnos, que vuelves a poner aquella canción. Y que vuelves a hacerme sonreír. Ahora ya, por segunda vez.
Podría ser nuestra canción.
Podría quizá del mismo modo acordarme de su nombre, pero estaba pendiente de mirarte, de dejarme conquistar. Qué fácil resulta a veces todo. Sobre todo cuando la palabra imposible está unida a las cuatro patas de mi cama. Las que nunca hiciste tambalear.
Podría perder el control, y el tuyo también llenando la copa hasta caer rendida en tu boca.
Podría estar escribiendo todo esto con la esperanza de qué algún día te des por aludido y cojas el avión que aterrice en mi deseo.
Podría asustarte con palabras bonitas, pero las voy a guardar hasta que me desnudes. Estas son la suma del desvelo y la extrema exageración del afán por un beso.
Podría soñar con la locura que desvela mis noches, llenándola de incongruencias que revisten mid besos. Podría cometer todos los pecados capitales con tal de devolverme lo que tu mirada me quitó, a gritos. Míos.
Qué ingenuo es todo, y más es describir un par de miradas, de palabras, de sonrisas que no saben si el camino volverá a cruzarlas. O quedarán en vano. En utopía.
Si te propusiese la mayor locura,¿ Serías capaz de desatar tu cordura y volar conmigo?
Es todo por un beso, y el misterio de su desnudo.