martes, 20 de mayo de 2014

Fútbol

Ojalá algún día todos aquellos que invierten su tiempo en el fútbol, en los partidos, en los periódicos deportivos, en los programas, y en toda esa trama que envuelve ese deporte, ojalá pongan el mismo entusiasmo en sus vidas, en sus acciones, en sus familias, en sus amigos, en sus parejas, en su trabajo, en su educación, ojalá esas personas pongan el mismo énfasis en salir a la calle a luchar por ganar, un mejor futuro para todos, para ellos mismos también. Ojalá la publicidad, las empresas, las inversoras, los especuladores, en definitiva todos aquellos que trabajan moviendo dinero con base en sus propios intereses, donaran ese tiempo y ese dinero a invertir en educación, en sanidad, en viviendas dignas para los ciudadanos, en una vida digna para todos, ojalá fuéramos igual de importantes que el fútbol. Ojalá no escuchar más que el fútbol mueve montañas, que hace feliz a muchas personas, por que queridos, no todos somos fútbol, y todos aquellos deberían preguntarse, quizá, es un consejo. ¿ Cómo es posible que el fútbol importe más que nuestras vidas? Con ello me refiero, a qué nivel de manipulación social hemos llegado para que se detenga el mundo por un Barça-Madrid. Por que después de los 90 minutos, los problemas siguen estando ahí, durante la previa, el partido y el post también. El dolor emocional tiene una duración de doce minutos, el resto es todo auto-infligido. Arbitro la hora, de dejar de engañaros, de engañarnos. 

jueves, 8 de mayo de 2014

Recetas

Aún no te he copiado ninguna receta, aún no he querido ni tan si quiera aprender a hacer tus huevos rotos, ni tu tortilla de patatas. Esa que me enamoró. Aún no he querido verte cocinar, tan solo distraerte de vez en cuando, no he querido por que significaría el último plato. Llamado nosotros. Tras ello pediría la cuenta.
Siempre he odiado el momento en el que un hombre, cualquiera, pide la cuenta. Seguramente el precio te parecerá desorbitado, seguramente no entiendas por qué no una última copa.
Ya tengo la receta, no necesito más.
Así medía yo a los hombres, en aprendizajes culinarios. Contigo prefería aprenderlos en los viajes. Los macarrones al pesto de Florencia, esos que quieres robarme y no puedes, por que sabes que sin mi tendría un sabor amargo. Los quesos de todas las ciudades a las que voy, algunos contienen demasiado amor y no me dejan pasarlos, pero casi todos llegan, de una forma u otra. El fanatismo por el vino blanco, en cualquier restaurante, cualquier noche o en cualquier discusión que se alargue.
No quiero aprender lo que sabes hacer, quiero vivirlo, compartirlo, verte disfrutar, vernos. Aprender a veces significa desprenderte de lo anterior, evolucionar, y yo solo quiero crecer contigo. No quiero hacer un día una tortilla de patatas, siento decirlo pero mejorada, para cualquier otro sabiendo que lo aprendí de ti, y que ese es ahora nuestro único recuerdo. Duradero.
No quiero que tu seas unos espagueti a la carbonara con philadelfia como secreto, ni una lasaña con calabacín, ni vino diamante, ni la forma de hacer la bechamel, no quiero que seas un brownie, ni quiero que seas cualquier otra receta que simplemente sea eso, una receta.
Quiero que seas el que me enseñe a atarme los cordones con doble nudo para que no me caiga, que me enseñe a encontrar la calma cuando mi mundo se alborota, que me enseñes de poker aunque no me quede con nada, solo por verte feliz, quiero que seas el que me regale libros sin letras para que no lea tanto, quiero que seas el que se esfuerce por hacer las cosas mejor aunque ya seas todo lo mejor que quiero. Quiero que te requisen todas las flores porque no tendría sentido que las regalases tú. Quiero que seas el que espera que vea un día el fútbol aunque solo sea por hacerte feliz, el que se emocione con unas acuarelas aunque las tenga en su estantería, el que ponga veinte mantas para que yo no pase frío pero se muera de calor, quiero que me enseñes a descubrirte lentamente, no tengo prisa. Voy a  hacerte todos los desayunos, por que un día dijiste que era lo más bonito que nadie había hecho por ti, quiero que no dejes de enseñarme a amar, quiero no dejar de aprender contigo, pero no quiero aprenderme tus recetas, tus secretos, por que a veces conocer demasiado significa no tener nada por descubrir. Y así siempre nos quedará algo, como es Paris para los enamorados, como es Florencia para nosotros.

Quiero tortilla, como secreto, entre tu y yo.