En
un vaivén de corriente árida nos invadía la servidumbre de sus golpes. Eramos
dueños naturales del oleaje de sus dudas, inmersos al ritmo de sus pulsaciones,
latiamos contra las oscilaciones que mecían nuestra absurda existencia. Ahí
estábamos, luchando por sobrevivir a su paso.
A su paso éramos diminutos, frágiles, inertes, éramos parte de todo y de nada, en mímesis con el flujo de corriente y aire, éramos todo y éramos nada. Flotando entre irrealidades. Envueltos en dudas. Débiles, tangibles, reales. Éramos todo y la inmensidad nos invadía de nada.
Quietos, inmóviles nos alzábamos a su curso en un intento de paz. De encuentro en la perdida hacía el horizonte bañado en los reflejos de los potentes rayos del sol, entre la vida y la calma. Sumergidos, en un desatino de causalidades, volvíamos a ahogarnos entre laberintos guiados, desencadenantes de su furia, y una vez más éramos esclavos de su todo. Nada.
El tiempo ni siquiera podía lidiar contra lo natural, no podía cronometrar su paso, era puro, firme y consistente; era todo.
A flote, salir a flote de la irrealidad, dijo.
Podíamos sentir todo entonces, pero no sería real.
A su paso éramos diminutos, frágiles, inertes, éramos parte de todo y de nada, en mímesis con el flujo de corriente y aire, éramos todo y éramos nada. Flotando entre irrealidades. Envueltos en dudas. Débiles, tangibles, reales. Éramos todo y la inmensidad nos invadía de nada.
Quietos, inmóviles nos alzábamos a su curso en un intento de paz. De encuentro en la perdida hacía el horizonte bañado en los reflejos de los potentes rayos del sol, entre la vida y la calma. Sumergidos, en un desatino de causalidades, volvíamos a ahogarnos entre laberintos guiados, desencadenantes de su furia, y una vez más éramos esclavos de su todo. Nada.
El tiempo ni siquiera podía lidiar contra lo natural, no podía cronometrar su paso, era puro, firme y consistente; era todo.
A flote, salir a flote de la irrealidad, dijo.
Podíamos sentir todo entonces, pero no sería real.