Vivía esperándote en cada esquina, mentiría si no dijera que aún guardo algo de aquella esperanza bajo llave. Tú llave, oxidada.
A veces pensaba que eras tú el problema, ahora estoy convencida que sigo siéndolo yo. Y he caído al vacío, me he tirado desde el precipicio más alto. Y me he roto en mil pedazos. Hacía tiempo que no me sentía tan destruida. No es culpa tuya. Pero el resto de cuerpos que pasean por mi cama pagan con ello. Tampoco es culpa tuya, ni suya. Es culpa de esta oquedad. Mía.
A veces bebo para olvidar, a veces es siempre. Y la lucha me gana. Aunque sepa que cualquier hombre puede recorrer mi cuerpo como si lo conociera, aunque lo hagas tu en todos esos otros que no son el mío, aunque vuelvas a adentrarte en mis recovecos como si fuera parte de ti. Yo solo quería que sonara el despertador. Era hora de dejar de soportar este dolor. Tienes razón, nunca abriste la puerta, pero tampoco llegaste a cerrarla. A veces es inevitable sentir de más. Y ahora solo quiero un vino, un bar y una ducha. Hablarte claro, aunque se cierre la puerta, dudo de si quiero que se abra. Pero que permanezca esto tan nuestro. Eso que solo tengo contigo, tenía.
Y ahora pasan, uno tras otro, me ato a sus cuerpos, a sus besos, a sus pieles, a veces me da por no enfrentarme a mi misma. Y caigo en la absurdez absoluta. Pero vuelvo en mi. Ya no duele tanto. Pero sigue doliendo, porque sigue siendo inevitable.
No sé si es el miedo a enfrentarme a todo esto, o si es seguir teniendo este miedo y no saber a qué tengo miedo.
A veces pensaba que eras tú el problema, ahora estoy convencida que sigo siéndolo yo. Y he caído al vacío, me he tirado desde el precipicio más alto. Y me he roto en mil pedazos. Hacía tiempo que no me sentía tan destruida. No es culpa tuya. Pero el resto de cuerpos que pasean por mi cama pagan con ello. Tampoco es culpa tuya, ni suya. Es culpa de esta oquedad. Mía.
A veces bebo para olvidar, a veces es siempre. Y la lucha me gana. Aunque sepa que cualquier hombre puede recorrer mi cuerpo como si lo conociera, aunque lo hagas tu en todos esos otros que no son el mío, aunque vuelvas a adentrarte en mis recovecos como si fuera parte de ti. Yo solo quería que sonara el despertador. Era hora de dejar de soportar este dolor. Tienes razón, nunca abriste la puerta, pero tampoco llegaste a cerrarla. A veces es inevitable sentir de más. Y ahora solo quiero un vino, un bar y una ducha. Hablarte claro, aunque se cierre la puerta, dudo de si quiero que se abra. Pero que permanezca esto tan nuestro. Eso que solo tengo contigo, tenía.
Y ahora pasan, uno tras otro, me ato a sus cuerpos, a sus besos, a sus pieles, a veces me da por no enfrentarme a mi misma. Y caigo en la absurdez absoluta. Pero vuelvo en mi. Ya no duele tanto. Pero sigue doliendo, porque sigue siendo inevitable.
No sé si es el miedo a enfrentarme a todo esto, o si es seguir teniendo este miedo y no saber a qué tengo miedo.