sábado, 14 de septiembre de 2013

Silencio

Todos los silencios terminan siendo incómodos, terminas desechándolos, perdiéndolos en el vacío inconmensurable de las tazas de café.
Los desayuno se preparan con silencio. Con amor. Nada sabe mejor que el amor. Nada.
No sé que me gustaba más de ti, si el espacio vacío que separaba nuestros cuerpos en tu cama, o si era la oquedad que dejabas tras ese silencio en marcha.
Y ahora míranos, repletos de silencios incómodos, de conversaciones pausadas, de sin sentidos, todas las camas terminan llenando sus precipicios, terminan olvidando sus huecos y encontrando sus recovecos. Todas las camas gritan en silencio sus nombres.
Amantes de los desayunos. Sin besos, con sigilo mirarnos, a la espera del silencio roto. El momento.
Es lo único que aún recuerdo, ese amor al silencio, roto. Como cada taza. El último fue un miércoles, después empecé a odiarlos más, de lo que ya lo hacía.
Ahora pocas veces hay silencios, los desayunos ya no son lo que eran, y suena la alarma. Hay cosas que no pueden cambiar. No me gusta que cambien.
He desayunado muchas veces, nunca es lo mismo, un hábito cotidianamente novedoso. En soledad tras escapar de una noche deshabitada, acompañada de intereses y desintereses, a la espera de un gran día, tras una noche decadente, en lugares desconocidos en momentos fílmicos, en el mismo lugar de siempre, enredada en el caos, en la soledad absoluta, con ella calmándome, conmigo aturdiéndome. Con la locura atada a las cuatro patas de mi cama. Cada día. 
Odio los silencios contigo,odio las lágrimas que escapan a tu huida, las sonrisas que a veces no saben hacerlo mejor. Odio los escondites en los que se pierden los momentos convirtiéndolos en insustanciales, vanos. Desatino.
Quiero no sentir en un desayuno esa soledad acompañada, quiero un silencio de verdad matado por uno de los besos más tiernos, quiero terrones de amor en el café,  miradas con leche, como a ti te gusta, como tus ojos y algo salado para que la vida pueda seguir endulzando el día. Porque mancharse de nostalgia es el peor comienzo. Sobre todo cuando te das cuenta que todos tiran sus recuerdos, y tú sigues guardando cada click, amando cada click, porque sientes que son parte de está película, porque son recuerdos bonitos, porque ahora que ya ha pasado lo peor has aprendido a ver todo el pasado sin revivir emociones, sin rencor. Porque un día todos esos silencios fueron lo más hermoso que pronunciaste, y yo los disfruté mucho.
Algún día odiare el silencio de hoy, me sentaré a escucharlo sin entenderlo de nuevo, cuando llegue ese día entenderé que no todo el mundo entiende el poder de un desayuno. Cuando llegue ese día espero tener los suficientes recuerdos para no odiarlo tanto como hoy.
Nada cambia si nada cambias. Y así desayuno tras desayuno uno va cambiando lo que es. Lo que siente y lo que cree solo le sigue a este desequilibrio de causualidades, a sus besos fugaces, a las baladas tristes, y las sonrisas vagabundas. Carente. Y a todo lo bonito que algo puede resultar también. No vayamos a ponernos tristes todavía. Recuerdo que me quieres por derrochar alegría.
Ojalá que nunca busques detrás de mi sonrisa.

Lo que cuesta encontrarse en esta pérdida.
Contando silencios, espero parar el tiempo al roce de tus labios.

Cuesta entender todo lo que uno tiene dentro, pero a veces das con quién te lo explica.

Tic-tac, click.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Incapaz

Los escalofríos del rincón maldito, las mismas marcas de rimel corrido, a la espera de que éste tiempo eterno pase.
Así es, una y otra vez. La misma película.
Siempre duele con la misma intensidad, cuesta tanto levantarse a cambiar de canal, que a veces tarda días, meses incluso alguna vez tardó varios años.
Reconocer que eres incapaz de algo, es lo más duro a lo que estas cuatro paredes se han enfrentado. No se arregla con flores, ni con escenas, no se soluciona con más amor. Tampoco con menos. Todo esto va resultando cada vez más difícil, más complejo, más fallido. Y yo no puedo más. He caído en el vacío, dónde las soluciones no pueden inventarse, me he anclado en un mundo paralelo, en una costumbre que no quiere desprenderse de mi piel. No me acostumbro a esto, una lucha es más que suficiente, no quiero un demasiado más. Éste estallido de universos, de contradicciones alborotándose unas a otras, y a mí dejándome fuera de juego. Ha sido duro, llegar hasta aquí, construir todos tus principios, todas tus ilusiones, un mundo solitario que contagia sonrisas, que vive en equilibrio buscando su sitio en una calma caótica. No puede desbaratarse así, de pronto. No puede desvincularse de toda su esencia, de todo su ser.
Y parece como si eso no hubiera existido. Se han apoderado de ti. Ya no puedes controlar nada, ya no hay teoría que valga, has fracasado en la práctica, y así seguirá siendo, hasta que seas capaz. 
De nuevo, otra vez más.