domingo, 26 de mayo de 2013

D de Daniel.

De este frío de cama.
De invierno.
De los escalofríos de verano.
De la prosa inacabada.
De las miradas congeladas.
De las caricias errantes.
De un amor nómada.
De un tic-tac en pausa.
De un sentimiento en vanguardia.
De los besos en ayunas.
De una contradicción.
Tras otra.
De bailes en silencio.
De fotografías no tomadas.
De los coitos sin climax.
De un alivido insaciable.
De una verdad absoluta.
De palabras omitidas.
De silencios sentidos.
De un sentimiento profundo.
De una pérdida constante.
Y un encuentro fortuito.
De una contradicción.
Tras otra
De un blanco muy negro.
De una ilusoria gama.
De un corazón deambulante
De un siempre reiterado.
De un latido vagabundo.
De un trascendentalismo inefable.
De la locura calmada.
De todo y nada.
De olvido hablar.
Y de recuerdo callar.
De una contradicción.
Tras otra.
De una sucesión inexorable.
De una duda intangible.
De un cuerpo violento.
De una voracidad elocuente.
De un roce delicadamente frío.
De una absurdez extrema.
De una condición incondicional.
De causas inertes.
De una contradicción.
Tras otra.
De un final.



 

Midiendo la intensidad.

Del calor .
Del recuerdo.
Del olvido.
De mi, de ti.
De nadie.
De todos.
De las mentiras.
De mi porvenir.
De mis sueños.
De mis deseos.
De la ley de la atracción.
De todo.
Lo que me rodea.

Huir de nosotros mismos, lo más lejos cercanamente. Coger fuerzas, recargar la intensidad con la que vivir, con la que regresar. Fuerte. Volver y sacar a relucir la valentia para luchar conmigo misma. Eso si que es una buena solución. Mirarte al espejo y sonreir. Vuelves a verte tú. En toda tu plenitud. Con toda la intensidad que te caracteriza. Con todo aquello que se había perdido en la imensidad del suplicio desacierto.
Siempre hay oquedades, siempre hay grietas, siempre hay algo por lo que seguir luchando.

Y ahora unos meses más tarde, vuelve con más sentimiento con más fuerza, la misma sensación de mierda.
A pasos largos con la unica meta de alcanzar mi rincón menos deseado y conseguir vomitar cada pensamiento autodestructivo.
No puedo mas, no puedo mas. Entre hiperventilaciones no puedo controlar mi mundo, estalla, en mil pedazos, se descompone ante mis ojos inundados. He perdido el norte, incluso el sur,he perdido tanto que no se ni donde me hayo. Solo pienso en huir, en hacerme pequeña, en enmudecer, en controlar , en todo menos en luchar. Déjame un par de lágrimas más y vuelvo a pensar. En la lucha que he abandonado y que ahora no puede vencerme. Estaré ida, si, seguramente, y más qué debería estarlo. Desequilibrios emocionales, llámalo como quieras.
Levantarte de la ceniza y el alcohol al ver en su cara lo patética que estás metida en la cama.Y de un salto coger toda la fuerza para seguir enfrentandote a cada paso, aparcando el resto.
 Hay cosas que nunca deben olvidarse, y en las cicatrices de tu piel no hay ninguna para la cobardía.

Aucun, jamais plus.



 

domingo, 12 de mayo de 2013

Aprender a marcharme del todo.

Suelo acelerarlo todo por mis ganas de sentir.
Por las de olvidar.
Suelo equivocarme, una y otra vez.
Suelo creer que soy de acero. Y entonces entra en juego el miedo.
A medio camino entre la intensidad de las dudas y el quererte sin medida.
La dualidad de las sonrisas sentidas y las lágrimas sin sentido.
La complejidad de frenar o seguir latiendo a besos.
Perder el equilibrio, mientras se me tambalean las piernas, y todo sigue dando vueltas. Atando la inestabilidad al tacto de tu cuerpo. Entre oscilaciones. Pierdo todas las razones para dejar de aferrarme a cada tramo de tus entrañas.
Rebasando el miedo todos los sentidos. Todo lo sentido. Y el resto.
Afligiendo el vacío de sensaciones que marchitan motivos. Cobrando el sentido a la agujas del reloj. Cuando la oscilación es entre tu cuerpo y el mío.
Este universo de contradiciones que asume el rol complejo evadiendo realidades, despojando ilusiones con tal de no ahogarme en un mal trago, de nuevo.
Evitar las palabras cruzando miradas, intensas de miedos que callan el deseo de sentimientos a temblores.
Matar los silencios enmudeciendote a besos. Sentidos de más.
Con la incertidumbre dueña de todos mis temores, de si todo esto será equitativo, o seré yo la única que esté fabricando sentimientos con esta profunfidad.

Con delicadeza sedienta, de enfrentar pasiones y el pánico, ya no solo a los besos.
 

jueves, 2 de mayo de 2013

Aquello del existencialismo.

Todo da vueltas, todo gira a una velocidad acojonante.
Sumando oscilaciones contradictorias. Unas y otras.
Y a veces no hay razones cuerdas para esta fluidez de lágrimas, pero terminan en mi boca. Dándome explicaciones.
Otra ciudad, otra vida, y las mismas dudas.
Echar freno a las cuentas del olvido. Y enfrentarme a mi cama y sus huellas.
A los sentimientos que se han apoderado de la lucha. Y consiguen vencerme. Nunca me ha gustado perder, y sin embargo estoy jodidamente perdida.
El sexo, las pieles, los besos y sus labios, las miradas entre deseo y deseo. Y ese juego de sábanas, que va cambiando cada semana. Como de pensamiento, de sentido.
Las ganas extremas de gritar, de salir corriendo o de romper a llorar. Y todo al mismo tiempo.
De encerrarme y esperar que llegue el olvido, y me dé la libertad. No hablo de ese olvido. No.
Hablo de todo esto, de cada elemento que rodea este espacio de vida difuso. Desalentado.
Ordenar todos estos elementos, encima de la mesa, y con toda la fuerza arrojarlos hasta verlos rotos en mil pedazos. Eso quiero.
Que sientan el vacío de este precipicio sin salida.
Todas las contradicciones que envuelven este caos.
El vértigo de sentir tambalear cada parte de mi organismo, mientras estoy inmovil.
De este desquicio irracional de pensamientos que atormentan la calma.
Quiero ser inmune, y desquebrajarme con razones, con todos los sentidos.
Pero ahora no.
Tiempo.