Los escalofríos del rincón maldito, las mismas marcas de rimel corrido, a la espera de que éste tiempo eterno pase.
Así es, una y otra vez. La misma película.
Siempre duele con la misma intensidad, cuesta tanto levantarse a cambiar de canal, que a veces tarda días, meses incluso alguna vez tardó varios años.
Reconocer que eres incapaz de algo, es lo más duro a lo que estas cuatro paredes se han enfrentado. No se arregla con flores, ni con escenas, no se soluciona con más amor. Tampoco con menos. Todo esto va resultando cada vez más difícil, más complejo, más fallido. Y yo no puedo más. He caído en el vacío, dónde las soluciones no pueden inventarse, me he anclado en un mundo paralelo, en una costumbre que no quiere desprenderse de mi piel. No me acostumbro a esto, una lucha es más que suficiente, no quiero un demasiado más. Éste estallido de universos, de contradicciones alborotándose unas a otras, y a mí dejándome fuera de juego. Ha sido duro, llegar hasta aquí, construir todos tus principios, todas tus ilusiones, un mundo solitario que contagia sonrisas, que vive en equilibrio buscando su sitio en una calma caótica. No puede desbaratarse así, de pronto. No puede desvincularse de toda su esencia, de todo su ser.
Y parece como si eso no hubiera existido. Se han apoderado de ti. Ya no puedes controlar nada, ya no hay teoría que valga, has fracasado en la práctica, y así seguirá siendo, hasta que seas capaz.
De nuevo, otra vez más.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Incapaz
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario