lunes, 17 de agosto de 2015

Volar se escribe con M

La risa de un niño en un hombre es el mecanismo más potente para desatar a mi locura, y hacerla estallar. Hay personas con las que todo, absolutamente todo, es bonito. Cosas bonitas.
Oírlo reír me hacía sonreír más fuerte. Mirarlo convertirse en niño, me hacía más niña. Y al desnudarnos eramos guerreros, y teníamos el valor que tienen los hombres.
Todo ese deseo se había guardado en nuestra imaginación, acrecentándose con el paso del tiempo. Mis dudas, siempre eras tú. Me hubiese lanzado sin pensarlo a seguir tu vuelo, no tus pasos. Porque tú corazón, vuelas.
El roce de tu cuerpo, de aquellos peces, de tu mano, de tu mirada. Y en aquel espacio aún cabían dudas. No sabía si besarte, o seguir esperándote. Pero ahí estábamos desnudándonos en el tiempo, mientras el agua nos inundaba.
Y de nuevo, la vida nos volvía a separar. Besos fugaces y secretos. Despedidas que te dejan sin aliento, y recuerdos que lo recobran. Suspiros guarros.
Y vuelve a no ser el mometo.

Taquicardia de sonrisas.

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